*Publicado en ProMagazine en Septiembre del 2014*

En mis años de experiencia trabajando con compañías que han pasado de ser medianas a grandes, e incluso hasta reconocidas multinacionales, he identificado que para ser un buen líder hay una clave que muchos parecen dejar a un lado: un ejecutivo debe tener en la mira la orientación del negocio, es decir, ¿qué es lo que realmente genera rentabilidad para la empresa?, y ¿cómo podemos hacer que siga creciendo?

 

Organización vs. Negocio

Muchas veces, un ejecutivo puede crear una burocracia que vela por sus propios intereses, dejando en segundo plano la contribución al objetivo global de la empresa. La organización debe trabajar para el negocio y no el negocio para la organización. Cuando sucede lo segundo estamos creando una burocracia que destruye valor. La meta siempre debe ser sacar el negocio adelante. Si éste crece, la organización lo seguirá, pero difícilmente este proceso sucederá al revés.

Preactividad vs. Proactividad

Un ejecutivo debe entender su función en términos de cómo está aportando al negocio y de la posición de la empresa en el mercado. Debe descifrar qué tipo de ventajas competitivas puede agregar e identificar lo que otros no estén haciendo o que no hagan eficientemente. La mayoría de la gente en la empresa está enfocada en sus acciones; casi nadie en lo que sucede en el exterior. Buscar esa información y traerla a la empresa es una de las principales aportaciones de un ejecutivo.

 

Autoridad vs. Influencia

Un excelente director basa su labor en el entendimiento del negocio y de su función, en movilizar a su personal para aprovechar al máximo sus habilidades y conocimientos con otras áreas a través de la persuasión y la negociación. Un buen líder ejerce una influencia positiva; no impone su autoridad

 

Mejoras locales vs. Mejoras globales

Hay acciones que pueden ser vistas como ineficientes por un área, pero que tienen un impacto positivo en el objetivo global de la empresa. En otras palabras, la optimización local no asegura el éxito global, y por esto existe una disposición a subordinarse o suboptimizarse. ¡Cuidado con esto! La visión siempre debe ir más arriba.

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